Hacía muchos años que decía que me gustaría hacer el Camino de Santiago. Viviendo en España, tarde o temprano oyes hablar de él, ya sea en las noticias promocionado en los años Jacobeos o porque alguien lo ha hecho.
En mi caso, como probablemente el de mucha gente, el mayor problema es encontrar el tiempo para ello. Depende de cuántos kilómetros quieras hacer, pero, si como yo, quieres hacer el Camino completo, vas a necesitar de unos cuantos días libres, mejor dicho semanas, para completarlo.
Antes de ir, me puse a ver vídeos en YouTube de gente que ya lo había hecho, con consejos y sus impresiones. No me gustó demasiado una chica que hablaba sobre su Camino, dice que estuvo bien, aunque no le “cambió la vida”, como muchas personas dicen que hace. Esta chica en particular hizo los últimos 100-120Km, que es lo mínimo que piden para que te den la Compostela, el documento oficial que certifica que has hecho el Camino. Estuvo entre cinco o siete días, no recuerdo bien y parte de esos días acompañada con un amigo.
Desde luego, cada persona hace su propio Camino. En mi opinión es algo para hacer solo y sobretodo en más de una semana. Hace falta unos días para dejar la rutina, el trabajo, los problemas del día a día atrás. Para mi, vas a hacer el Camino para estar contigo mismo, para conocerte mejor, para hacer un “parón” en tu vida, ver el rumbo en el que estás y tomar decisiones. Decisiones importantes, como si realmente hacia donde estás yendo, es a donde quieres ir. ¿Qué es más importante que eso? Valorar si la manera de la que estás viviendo, es como quieres vivir.
¿Por qué digo de ir solo? Primero porque así vas a tener tiempo suficiente de estar con tus pensamientos, y además ir más allá de las banalidades del día a día. Y sobretodo porque así vas a estar más dispuesto a hablar con el resto de peregrinos. Abrirte a hablar con el resto de compañeros de viaje, te va a aportar otras perspectivas, otras emociones y experiencias en tu viaje.
Hacer el Camino te va a suponer superar varios obstáculos. Por ejemplo, yo soy una persona a la que le gusta tener la mayoría de las veces todo planeado y organizado. Esta vez, me propuse no llevar nada reservado más que el viaje de ida y la primer noche de hostal. En realidad, un par de días antes de volar a San Sebastián, me puse a mirar en el mapa dónde quedaba el hostal y estaba muy a trasmano. Así que decidí cancelarlo y como el vuelo llegaba pronto por la mañana, decidí arrancar directamente con la primera etapa. Te puedo asegurar, que eso de no saber dónde vas a dormir esa noche, trae mucha inquietud y nerviosismo, algo a lo que estaba decidida a afrontar.
Otro de los grandes obstáculos lo encontré ya el ¡el primer día! Comencé super motivada, con un montón de energía y optimismo. Hice la primer etapa desde Irún hasta San Sebastián, 28,5Km, viniendo ya de tres o cuatro meses casi sin hacer nada de deporte. Los últimos dos kilómetros los sufrí, porque me dio un dolor muy fuerte en tobillo y pensé que me había dado una tendinitis. Mi gozo en un pozo, pensé que ya después del primer día iba a tener que abandonar. Conseguí llegar a un hostal y a las 19:30 ya estaba en la cama, sin saber si al día siguiente iba a poder continuar o no.
Al día siguiente, tomé un ibuprofeno con el desayuno y me lo tomé con más calma. De todas formas iba rengueando por el tobillo, así que muy rápido no podía ir. Al final fueron casi los mismos kilómetros del primer día, pero ya iba con más calma y cuidando de mis pies. En cuanto llegué al final de la etapa, lo primero que hice fue pasar por una farmacia y comprarme más ibuprofeno, crema de diclofenaco y crema hidratante para los pies, que si iba a estar caminando tanto todos los días, más vale cuidarlos bien.
La verdad es que con el paso de los días notas realmente que te vas poniendo más en forma, aunque tengas casi un dolor nuevo al día.
Respecto al alojamiento, varios días me quedé en los albergues, que además de ser más económicos, te permite conocer gente y sobretodo entrenarte para las “incomodidades”. Baños compartidos, dormir en literas en cuartos con varias personas. Para ello una buena recomendación es que te lleves tapaojos y buenos tapones (a ser posible de los de natación).
Hay albergues en los que se viven experiencias, que te aseguro que no vas a vivir en otros sitios. Como por ejemplo que el hospitalero te despierte a las 7 de la mañana con música a todo trapo, o quedarte en un monasterio, donde las duchas es una fuente incontrolable. Desde luego que vas a tener un montón de anécdotas estupendas para contar a tus amigos y familiares.
Otro de los obstáculos que pasé, fue un día, por no haber mirado bien la etapa que tenía que hacer, o mejor dicho, por pensar que iba a poder hacer una etapa de más de 36Km (que luego en realidad suelen ser más Km de lo que ponen en las guías), no tenía ni idea de dónde iba a pasar la noche, ya estaba pensando en sacar el saco de dormir y tirarme en medio del pasto, o hasta de ¡robar un caballo! Perdón, de “tomar prestado”, para poder llegar al siguiente pueblo donde hubiese albergue, pensión, hostal, hotel… a esas alturas y con el cansancio que llevaba encima, me iba a dar igual dónde. Hasta que pregunté a dos o tres personas que vivían por alguna casita en medio del campo y al fin uno me dijo que había una pensión no muy lejos. Ese fue el día más largo y que llegué más tarde al alojamiento, sobre las 17:30-18. Quizás no parece tanto, pero saliendo a las 7 de la mañana, te aseguro que lo es. Así que realmente te aconsejo que te mires y prepares bien las etapas.
Hacer trampa o no hacer trampa. Esa es la cuestión. ¿A qué me refiero con esto? Mirando las etapas y los días que tenía, me di cuenta que no me iba a dar tiempo a hacer el camino completo. El del Norte son unos 840Km desde Irún hasta Santiago. Así que al principio porque me di cuenta que no me iban a dar los días y luego otra vez, porque necesitaba un descanso, decidí tomar un bus. El primero fue desde Bilbao hasta Santander. Ahí solo me quité casi 200Km. El segundo bus, unos días más tarde, la verdad es que me arrepentí de haberlo tomado. Era de Llanes a Gijón y ahí me quité un par de etapas que habrían sido muy bonitas. Pero bueno, después de once días seguidos caminando, decidí tomarme un día libre. Luego no pude evitar sentirme un poco culpable, porque sentía que había hecho trampa. Aunque hablando con otro peregrino, me preguntó que ¿por qué?, me dijo que no es hacer trampa, es simplemente hacer TU CAMINO, cada uno hacemos nuestro propio camino, y al final eso me trajo un poco de paz.
Ahí tuve otra revelación sobre mi misma, el querer hacer todo según las normas, el querer hacer las cosas de la mejor manera posible. Pero eso no es vivir, vivir es hacer las cosas a tu manera, sin que te lo dicten los demás.
A partir de ahí empecé más a enfocarme a hacer mi Camino, a DISFRUTAR del camino y no a centrarme a “terminar la etapa que toca para ese día”. Y por eso digo, que hace falta estar más de una semana en el Camino, para comenzar a dejar lo superficial, la rutina, los problemas del día a día atrás y empezar a enfocarte en ti.
Releyendo todas las entradas del diario que llevé conmigo, que por cierto, es algo que te recomendaría encarecidamente, me doy cuenta, que pasados esos siete u ocho días, cada día que pasaba caminando, descubría nuevas cosas sobre mi, o al menos, comencé a ser consciente de muchas cosas, que quizás antes, con el día a día, a pesar de que sabía que estaban ahí, no quería verlas. Aquí, pasando horas y horas caminando sola, no hay más remedio que enfrentarte a todos tus demonios. Y por eso es que yo creo que cambia la vida a tantas personas que hacen el Camino. Es mucho tiempo de reflexión, es mucho tiempo contigo mismo. Y por eso sé, que no es para todo el mundo. Requiere de mucho valor, emprender una aventura de esta envergadura.
Así que si estás decidida a emprenderla, aquí te dejo algunos consejos para preparar tu Camino y para ¡durante el Camino!
CONSEJOS PEREGRINOS
1) ¡Cuidado con el primer día! Esto lo pongo lo primero, para que vayas mentalizado. El primer día estamos super frescos, con toda la energía y motivación del mundo. Pero es eso, el primer día, tienes por delante varios días de caminar kilómetros y kilómetros, así que tómate los primeros días con calma. Una vez tu cuerpo se vaya acostumbrando a este nivel de actividad, podrás coger más ritmo.
2) Ir al baño cuando puedas, no cuando quieras. Encontrarás a veces algún bar, en el que puedas descansar un poquito y tomarte algo. Aunque no sientas ganas de ir al baño, créeme, aprovecha y ve de todas formas, porque ¡no sabes cuándo te encontrarás con el siguiente baño!
3) No lleves bolsas de plástico. Este es un consejo que había oido antes de ir y es realmente hasta que te quedas en un albergue cuando te das cuenta de por qué. Hay gente que se levanta muy temprano para comenzar a caminar y te vas a acordar de toda su familia, cuando empiece a revolver las cosas de su mochila con las bolsas de plástico. A ver si conseguimos expandir este consejo para todos, empieza por ti. Llévate bolsas de tela para tus zapatillas o para la ropa sucia. El resto de peregrinos te lo agradecerá.
4) En relación con el anterior: llévate tapones y tapaojos. Podemos controlar lo que nosotros hacemos, pero no lo que hacen los demás. Así que por tu bien y por tu propio descanso, llévate unos buenos tapones. Yo uso los de natación, que tapan por completo y no escuché ni una bolsa, ni ¡ningún ronquido!
5) Riñonera o bolsito pequeño para tus cosas importantes. Si eres un peregrino de verdad (y puedes), llevarás todas tus cosas a cuestas en tu mochila durante todo el Camino. Es muy incómodo si necesitas el móvil, algo de dinero o el documento de identidad, tener que estar sacándote la mochila y abrirla y rebuscar. Por eso el consejo de la riñonera o el bolsito pequeño, donde puedes tener las cosas importantes a mano.
6) Bolsa de agua con bebedero. Este consejo está relacionado con el anterior. Llevar botellas de agua es bastante incómodo si no tienes acceso fácil a ella. Por ello te recomiendo que te lleves una bolsa de agua con el tubito para beber. Una de 1 litro o litro y medio te da de sobra, ya que puedes rellenarla en algún bar por el camino. Además, agradecerás no tener que cargar con más peso del necesario.
7) Prepara tu etapa el día anterior. Para que no te pase lo que a mí y te entre el agobio de no saber dónde vas a dormir esa noche, mira bien la guía o alguna aplicación para saber hasta dónde quieres caminar.
8) Bájate alguna aplicación del Camino. Te va a ayudar con el punto anterior. En mi caso utilicé “Buen Camino”, la cual su mapa con GPS, me salvó de coger algún giro equivocado y hacer kilómetros extra, que créeme, no te va a hacer ninguna gracia. Otra de las que utilicé para planificar las etapas fue “Wise Pilgrim”.
9) Cuidado con las reservas anticipadas. Con esto me refiero, si te empieza a entrar el agobio por si no tienes sitio donde dormir y te da por reservar el día de antes o con varios días de antelación. El hacer reservas anticipadas tiene dos desventajas, primero que te obliga a llegar al sitio donde has reservado. A lo mejor la tarde de antes, o los días previos estás descansado y piensas que vas a llegar fácilmente. La segunda es que te quita esa flexibilidad y espontaneidad que te da hacer el Camino. A lo mejor ese día estás haciendo la etapa y descubres un alojamiento hermoso en medio de la nada, o tienes más energías y quieres seguir un poco más o al contrario, no tienes tanta energía y prefieres hacer una etapa más corta. A medida que nos vamos acercando a Santiago, sí empieza la psique colectiva de si encontraremos sitio para dormir, ya que se van juntando varios caminos y la afluencia de peregrinos aumenta considerablemente. Quizás en verano pueda haber más problema, sobretodo si solo quieres quedarte en albergues, pero de todas formas, en los finales de etapa más cercanos a Santiago hay muchos alojamientos de los que elegir, que aunque no sean albergues oficiales (de la Xunta), hay camas a muy buen precio. No dejes que la psique colectiva de domine.
10) Lleva un diario para escribir todos los días. Créeme, un sólo día está tan lleno de experiencias, actividad y movimiento, que te va a parecer una semana entera. Yo me ponía a veces a escribir cosas del día anterior y parecía que habían ocurrido hace una eternidad. Imagínate lo que pasará cuando hayas terminado tu Camino y pasen meses o años, te será más difícil recordar todo lo que has vivido. Además el escribir, por la noche, después de todo un día de aventura y reflexión te va a ayudar muchísimo más a procesar y entender todo lo que vas a experimentar.