Por primera vez en mi vida, me encuentro de baja médica. Recuerdo mi anterior experiencia con el burnout, cuando estaba emocionalmente más vulnerable, aunque entonces no busqué ayuda médica. En su lugar, comencé a ver a una psicóloga y negocié con mi supervisora días de trabajo reducido, sobrellevando así el día a día.
En esta ocasión, el agotamiento —tanto físico como mental— ha sido abrumador. Regresaba del trabajo completamente agotada, desplomándome en el sofá, incapaz de realizar ninguna otra actividad. Hasta que ya no pude más y decidí programar una cita inmediata con el médico.
Mi médico estaba preparado para darme de baja hasta finales de abril, coincidiendo con la finalización de mi contrato. Sin embargo, la perspectiva de ausentarme de la universidad durante un periodo tan prolongado me hizo reflexionar. Tras una meditada consideración, decidí solicitar una baja más breve.
Llevo ya dos días de baja oficial y, siendo sincera, me siento algo desorientada. Sin embargo, estoy aprovechando para descansar y ponerme al día con mis estudios, que habían quedado rezagados durante mi periodo de intenso agotamiento.
A esta situación se suma una decisión reciente: hace un par de semanas vendí mi televisión. Antes era mi método para desconectar, para apagar momentáneamente mi mente; el problema era que a menudo terminaba perdiendo demasiado tiempo. Decidí abordar el problema de raíz y prescindir completamente de ella.
He regresado al gimnasio después de casi dos meses, y he vuelto a publicar posts tras un periodo similar de inactividad. Me estoy dando cuenta de que los meses pasados han sido extraordinariamente intensos. Descuidé mis cuidados básicos —deporte, salud mental— y ahora afronto las consecuencias. No pasa nada, estamos aquí para aprender.
Lecciones aprendidas
1. Prioriza tus cuidados básicos: Dedica tiempo al deporte, una alimentación saludable y un sueño reparador.
2. Cultiva tus pasiones: Reserva momentos para tus pasatiempos y actividades que realmente disfrutes.
3. Cuida tus relaciones personales: Son un apoyo fundamental, especialmente en los momentos más difíciles.
El burnout no es una señal de debilidad, sino un llamado de atención para recalibrar nuestra vida y establecer límites saludables.