Adiós a la enfermería asistencial

Dejar la enfermería. Es algo que llevo rumiando desde hace mucho tiempo. He comenzado mil y una carreras distintas, varios negocios, hobbies… todo con un único objetivo en mente: poder abandonar la enfermería. Al final, cada proyecto que empezaba lo dejaba a un lado por falta de tiempo y dedicación. No había más remedio que seguir trabajando como enfermera. Es posible que desde entonces comenzara a acumular resentimiento, quizás incluso enfado conmigo misma por no ser capaz de sacar adelante otros proyectos que me permitieran dejar este trabajo.

No me malinterpretes, creo que la enfermería es una de las profesiones más nobles que existen. También de las más sacrificadas y, lamentablemente, muy poco reconocida. Pero por mi forma de ser, mi personalidad, siento que no va conmigo. Como muchas personas, quiero hacer bien mi trabajo, y para lograrlo, terminaba exhausta, completamente drenada física y emocionalmente. No podía hacer nada después de los turnos más que descansar y recuperarme para volver a empezar al día siguiente. Para mí eso no es vida. Eso es vivir solo para trabajar.

Por circunstancias de la vida, es lo que he hecho durante los últimos 10 años. Sí, he aprendido muchísimo, he conocido a gente maravillosa y estoy profundamente agradecida porque este trabajo me ha permitido mantenerme a mí y a mi hijo durante todos estos años.

Pero se acerca el final.

En el hospital donde trabajo van a hacer reestructuraciones del modelo laboral en el que estoy. Con los nuevos cambios, ya no me vale la pena seguir. Tomé la decisión de renunciar a mi puesto, aprovechar la situación y dejar la enfermería asistencial definitivamente.

Quiero dar el salto a la investigación y, ya que estoy estudiando el máster, estoy activando mis contactos para ver si surge alguna oportunidad.

Esta es mi despedida. Se me ha pasado por la cabeza varias veces que, dado que los trabajos de investigación están peor pagados, podría complementar el sueldo trabajando algunos días en un hospital. Sin embargo, creo que eso sería tomar el camino fácil y, sobre todo, volver a algo que ya no disfruto y que me ha llevado al burnout dos veces. Por eso prefiero no hacerlo. ¡Es hora de poner mi creatividad en funcionamiento y buscar ideas para llegar a fin de mes!

Voy a serte sincera: dar este paso me aterroriza. Es abandonar lo conocido, salir de mi zona de confort para adentrarme en algo completamente nuevo. Pero me consuela pensar que es mi propia decisión, un cambio hacia algo que realmente me interesa hacer. Ahora toca aprender a tomarme las cosas con más calma e ir paso a paso.

A veces, las decisiones más difíciles son las que nos acercan a la vida que realmente queremos vivir. Hoy no solo me despido de una profesión que me ha acompañado durante una década, sino que también doy la bienvenida a un nuevo capítulo lleno de posibilidades. La enfermería me enseñó sobre resiliencia, empatía y cuidado; valores que llevaré conmigo a donde vaya.

Quizás este salto sea precisamente lo que necesito para redescubrirme, para encontrar ese equilibrio entre la vida profesional y personal que tanto anhelo. Y aunque el camino no será fácil, confío en que esta decisión es el primer paso hacia una vida más plena y auténtica.

A todos los que seguís en la trinchera: mi más profundo respeto. A los que, como yo, buscan un cambio: no estáis solos. A veces hay que cerrar una puerta para que se abran ventanas inesperadas.

El futuro es incierto, pero por primera vez en mucho tiempo, también es emocionante.

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